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martes, 27 de junio de 2017

Nuevos tratados de El Lazarillo de Tormes

Tratado VIII, Cómo Lázaro se asentó en un burdel y de las cosas que allí sucedieron, por Ana Torcuato.


Tratado VIII por José A. Núñez:

   Así pues, Vuestra Merced, después de haberle relatado las desventuras que padecí al servicio de mis antiguos amos, aunque más que amos eran borregos, le relataré el último trabajo que se me encomendó.
   Tras haber servido al Arcipreste durante cinco años, este me regaló como ofrenda al Arzobispo de Toledo. Muy a mi pesar tuve que servir a la persona más importante de la Santa Iglesia Católica en el imperio español.
   Se preguntará usted cuál era mi oficio, muy simple, era el encargado de llevar las cartas del Arzobispo al Santo Padre. Aunque las rutas no eran seguras, la astucia desarrollada por mis vivencias ayudaron a mantenerme de una pieza. Sin embargo, a pesar de llevar una vida tranquila, añoraba el lecho junto a mi esposa. 
   De modo que, ruego a Vuestra Merced que se encomiende a Dios antes de enviarme a galeras.


Nuevo Tratado: El Lazarillo y su nuevo amo, el tabernero. Por Aroa Fernández:

   Un día se levantó Lazarillo y estaba tan aburrido que se puso a pensar en lo que iba a almorzar. Al fín, decidió salir a la calle e ir por los diferentes barrios pidiendo limosna y como tenía mucho tiempo para pensar ya que no hacía nada, llegó a la conclusión de que lo que debía hacer era trabajar. Al día siguiente salió con un cartón en el que había escrito a carboncillo y con letras mayúsculas: BUSCO CUALQUIER OFICIO.
   Antes de que el sol se escondiera y llegara la noche, se detuvo delante de él un hombre mayor vestido de manera sencilla, que le ofreció quedarse con su taberna, ya que buscaba a un buen hombre y que fuera de provecho. Lazarillo le dijo que él iba a hacer todo lo posible para sacar la taberna adelante, así que el tabernero confió en él. A la mañana siguiente, Lazarillo ya estaba sirviendo vino.
El tabernero, cuando el pobre Lázaro rompía una copa o no le salían las cuentas, le pegaba con una barra en la espalda, así durante dos o tres días hasta que Lazarillo se cansó y en un momento, en el que el tabernero no miraba, cogió todo el dinero que había en la caja, le dio una patada y salió corriendo para no volver más y buscarse la vida de otra manera. 
   De esta aventura aprendió a no confiar tanto en la gente a primera vista y como dice el refrán: ni el bueno es tan bueno, ni el malo, tan malo.


lunes, 16 de febrero de 2015

Mi superhéroe

Logan era un niño que no estudiaba nunca y no aprobaba los exámenes. Su afición favorita era estar siempre jugando con el ordenador. Un día, tras quedarse dormido durante un juego, despertó y se dio cuenta de que tenía superpoderes mentales y podía aprenderse 100 libros en menos de cinco minutos. Desde entonces, Logan vive oculto devorando libros en el Instituto Sierra Almijara y ayuda a otros niños en sus exámenes haciéndose invisible. 

Dani C. 1ºC



El hombre camaleón

Todo empezó en el Amazonas, un grupo de amigos se fue de vacaciones después de un atareado año de estudios. 
Llegada la madrugada se fueron a dormir, Iván, mientras dormía, sintió un roce en su pierna, miró y pudo ver un extraño camaleón que tiraba de su pierna, empezó a gritar y los amigos acudieron y entre todos lo mataron.
Al día siguiente Iván se encontraba raro, pues donde se situaba se adaptaba al entorno. Esta cualidad lo ha llevado a colaborar con la policía para capturar ladrones, traficantes, terroristas, etc. 
Su poder consiste en que, al poder de adaptarse al entorno donde se encuentre, nadie puede verlo y así, puede capturar a los delincuentes.
Mari G. 1ºC

martes, 18 de noviembre de 2014

Topografía. Descripción de un paisaje



 Este lugar es un paisaje de la naturaleza. Está situado en medio de la naturaleza. Tiene un lago, junto al lago hay un árbol robusto y centenario, en el horizonte se ven montañas.
Junto al lago hay una pequeña barca de madera. El agua es cristalina, no es turbia.
A lo lejos del horizonte se ve un valle rodeado de montañas. 
Cintia d.P. 1ºC

miércoles, 5 de marzo de 2014

Historias de superhéroes

El héroe de ojos verdes

Había una vez una mujer embarazada. El día que vieron al bebé en la ecografía, se veía un destello, pero no le dieron importancia. 
   Cuando el niño nació tenía unos ojos muy verdes, tan verdes que deslumbraban.
   Con el paso del tiempo se dieron cuenta de que cada hoja de árbol seca que el niño miraba se volvía verde y sana.
   El niño creció y quiso viajar, fue a un país pobre donde no había agua y todo estaba seco. Con su poder tan especial quiso cambiar todo, que hubiera árboles, flores, agua... Y que a todas las personas que lo estaban pasando tan mal les cambiara la vida. Y eso hizo: lo cambió todo y las personas se pusieron sanas, desaparecieron las enfermedades.
   El niño, al ver que podía cambiarlo todo, se puso en marcha a otro lugar donde había gente pasándolo mal y así se convirtió en EL HÉROE DE OJOS VERDES.
                                                                    Iván C. 1ºC

Un héroe muy cercano

   Había una vez un niño que vivía en Nerja. Era un niño del que nadie quería ser su  amigo, pero un día llegó un niño nuevo a la escuela. Ese niño se hizo su amigo, era un niño alto, un poco rellenito y muy amable.
Desde el primer día que se conocieron fueron los mejores amigos. Pero un día, un niño muy malo, muy malo le llenó la cabeza de malas ideas.
   Entonces él dejó de ser su amigo.
Se fue al bosque con su padre y vio una estrella fugaz caer del cielo a un sitio muy cercano del pequeño campamento que habían hecho.
Él, como tenía mucha curiosidad por saber cómo era esa estrella, se acercó al lugar donde había caído. Pero no era una estrella, era un meteorito.
   Se lo llevó al colegio con cuidado para enseñárselo a su antiguo amigo. Pero cuando se lo iba a enseñar se dio cuenta de que no lo tenía, se le había metido en la piel.
   Entonces el niño malo y su antiguo amigo se rieron de él.
Se enfadó tanto que empezó a arder literalmente.
   Más tarde, vio que se iba a caer una niña desde un rascacielos y su deseo de salvarla era tan grande que le empezó a salir fuego de los pies y la salvó.
   Empezó a controlar sus poderes, después de esfuerzo y sudor tras haber salvado a muchas personas.
   Su antiguo amigo quiso volver a serlo y fueron todos felices.
   ¡Ah! Seguro que os habéis quedado con la intriga de quiénes eran los personajes. El superhéroe se llama Leo; el amigo, Iván y el niño malo...

                                                                              Leandro P. 1ºC

domingo, 18 de noviembre de 2012

El lugar maldito. Un relato para temblar de miedo



U
n día especial, un 31 de Octubre, una niña llamada Sara, se despertó en su cama, y, sin querer, se levantó con el pie izquierdo. En ese instante, comenzó a diluviar, y las clases se suspendieron por las fuertes lluvias. Como no tenía nada que hacer, telefoneó a sus amigas, y, se reunieron todas en la casa de Sara.
Sus amigas iban aterrizando en su vivienda de una en una; en primer lugar, llegó Andrea, rápida a más no poder, seguida de Eva, pensativa como la que más, tercera y sin aliento, compareció María y en último lugar, y no menos importante, Lucía.
Ya, con el aforo completo, empezaron a hablar de los fenómenos científicamente inexplicables, más conocidos como fenómenos paranormales. Sara se ausentó de la conversación porque ella, no cree en esos tipos de fenómenos y rápidamente, sus compañeras le preguntaron que por qué no decía nada. Por ese motivo, cambiaron de tema y dialogaron de Halloween.
-         “¿De qué os vais a vestir?” - comentó María.
-         “Yo creo que me vestiré de bruja” - respondió Andrea.
-         “¡Igual que yo! - contestó Lucía.
-         “¡No!, yo también llevo ese disfraz, espero que sean diferentes” - replicó Eva.
-         “¿Y tú María? - preguntó Andrea.
-         “¡Igual que todas vosotras!” - dijo María.
Ellas, siguieron hablando, pero, el mismo problema surgió en esta reunión. La anfitriona, Sara, no intervino en la charla. Cuando se dieron cuenta, intentaron convencerla y sí, por fin consiguió hablar, obligada, pero por lo menos dijo alguna palabra. Al final, sus amigas, con su colaboración, cogieron telas antiguas, y algunas nuevas, hilo viejo, aunque no usado y una aguja. Con eso, consiguieron realizar un traje muy realista, que sirvió para que, de una vez por todas, Sara consiguiera vestirse en Halloween, y celebrar, una buena y divertida noche.
Antes de irse a sus casas, el cielo escampó y decidieron ir a comprar spray, de diversos colores, para el truco, o caramelos, para el trato. Cada una de ellas se fue a su vivienda, pero antes pensaron lo más importante, a qué hora quedar. Al final determinaron que la hora sería las 21:00, y que se reunirían en el hogar de Andrea, unos 200 metros de diferencia con la casa de Sara. Ella, con su nuevo traje, decidió ponerle varios detalles nuevos, y mejores. A las 20:30, Sara ya estaba impaciente, además de nerviosa y decidió ir al domicilio de Andrea, donde no había nadie, aunque, a las 21 horas, comenzaron a venir Eva, María y Lucía, junto con la anfitriona, Andrea. Ya listas, vestidas y  con el spray preparado, comenzaron a tocar de casa en casa, de hogar en hogar, de vivienda en vivienda. Solo había una frase:
-         ¿Truco o trato? - decían todas, realmente contentas.
Siguieron hasta llegar a un domicilio, un tanto peculiar, que era completamente de madera. Allí, Sara decidió tocar el timbre, la puerta se abrió, y Sara desapareció.
Sus amigas, comenzaron a gritar desesperadamente el nombre de ella, pero nadie contestaba, ellas desesperadas, llamaron a sus padres y madres, además de al padre y madre de Sara. Todos ellos, empezaron a buscar rápidamente por toda la ciudad, de calle en calle, pero no había rastro de ella.
Un fenómeno paranormal acababa de ocurrir, una niña, cuyo nombre era Sara, tocó el timbre en un domicilio, y no se supo más de ella.
En todos los periódicos locales, nacionales y mundiales apareció esta noticia en portada, con un mensaje común:
“Si encuentran a una niña, llamada Sara, llamen al teléfono que se indica a continuación:”
Todo el mundo, impactado por esta noticia, decidió salir a la calle y buscar a la chica, que desapareció un 31 de Octubre, un día llamado, Halloween.
Andrea, Eva, María y, como no, Lucía, decidieron ir, a lo que podía ser, el infierno. Paso a paso, decidieron acercarse a la entrada. Ya era demasiado tarde, antes de pulsar ese botón, desaparecieron del lugar. El lugar maldito.
FIN
Javier E. 1ºA

jueves, 8 de noviembre de 2012

Relato de miedo


Hola, tengo 11 años y me llamo Rashid, me conocen como el ‘’fiestas’’ ya que me encanta poner siempre buena cara a todo lo que me ocurre e intento buscarle el lado más divertido. Actualmente vivo en el más fúnebre, enigmático y misterioso barrio de Toledo, en el casco antiguo.
Mi padre es un rabino importante en la ciudad y debido a esta circunstancia soy bastante practicante y todos los viernes practico el culto. Mi madre es ama de casa y está dedicada en cuerpo y alma a cuidar de mí y de mi padre y en encargarse de las tareas del hogar.
Antes de vivir aquí en Toledo, vivía en el más prestigioso lugar para mi comunidad, en Jerusalén, Salem en judío, y decidimos venirnos a vivir aquí a España como consecuencia a que expulsaran a mi padre del papel de guía espiritual. Antes, allí en Jerusalén, nuestra situación económica era bastante precaria. Ahora parece que esta situación mejora por momentos aunque no estamos demasiado bien ya que el judaísmo es una religión desconocida en este país y las personas desconfían de nuestra cultura. Me encanta jugar al fútbol y al juden raus, que es un juego muy divertido y conocido entre los judíos, aunque todos mis amigos dicen lo contrario; yo creo que no pillan la dinámica del juego.
Bueno, basta ya de hablar de mí y ahora os voy a contar mi experiencia en el mundo de los fantasmas y los espíritus. Todo empezó un viernes, un viernes bastante especial ya que se trataba del Yom kapur, que es el día en que todo judío debe asistir a la sinagoga para arrepentirse de los pecados cometidos. Ese día decidí quedarme un rato más en la sinagoga para ayudar a mi padre a volver a poner todo en su sitio después de la ceremonia. Entonces descubrí una puerta desconocida por mí y tras segundos reflexionando sobre si entrar o no, decidí a atreverme. Justo antes de que pudiera entrar mi padre me pilló y me tuve que tragar mis ganas por descubrir qué aguardaba detrás de esa misteriosa puerta.
Esa misma noche la pasé pensando en lo ocurrido y en lo que podría haber en aquel lugar y tras una noche sin pegar ojo, mi curiosidad ganó la partida a mi miedo a la posible respuesta de mi padre si me veía entrar allí. Ideé un plan genial: a primera hora de la mañana mi padre tenía que acudir a una reunión que organizaban para rabinos de toda Europa, que por casualidad se celebraba aquí en Toledo. Sólo tenía que robarle a mi padre las llaves de la sinagoga para poder acceder a ella y aproveché un despiste para quitárselas; dicho y hecho, por fin había llegado el gran momento de descifrar lo que había detrás de esa puerta.
Primero abrí el gigantesco portón de la sinagoga con mucho esfuerzo gracias a las grandes dimensiones de éste y una vez dentro, pasé un gran miedo ya que no encontraba el interruptor de la luz. Tras varios traspiés conseguí  ver y entonces me dirigí hacia la sala con la que tanto había soñado con descifrar lo que aguardaba. Entonces… descendí por una escalera únicamente iluminada por un par de antorchas, y cuando conseguí bajar la escalinata y en medio de la oscuridad, descubrí un pasadizo de paredes angostas. A través de él accedí a una habitación peculiar. Cuando me disponía a leer lo que había escrito en un antiguo códice del siglo XVI un rabino muy conocido entre nuestra comunidad, un compartimento apareció de la nada tras un antiguo pero, a su vez, pesado mueble. Y sin pensármelo dos veces fui a investigar qué había por allí. Lo primero que descubrí fue un colgante de lo más elegante y sin dudarlo dos veces me lo colgué. Al ver que no había nada más interesante en aquella sala decidí salir de la sinagoga escondiéndolo, antes de salir, entre mis ropas para que mi padre no tuviera ninguna idea sobre lo ocurrido y no sospechara.
Justo en ese momento un taxi se estrelló en el más oscuro y fúnebre callejón de la ciudad y decidí ir a ver lo ocurrido. Al acercarme al taxi me sorprendió que no había nadie; parecía que el conductor se hubiera esfumado y yo no daba crédito a lo ocurrido. Salí despavorido, no sabía lo que estaba pasando y corrí hasta mi casa sin mirar atrás. Nada más llegar a mi casa, decidí escuchar música para olvidarme de lo sucedido y entonces…. las canciones se cambiaban solas sin que yo tocara ningún botón. Estaba asustado, no sabía qué hacer, estaba agobiado, pensé en que podía ser casualidad, pero ya dos cosas, demasiada casualidad y entonces ya para rematar, unos libros que tenía sobre mi escritorio se empezaron a pasar a una velocidad impresionante. Entonces pensé en acudir a mi mejor amigo, la única persona en que confiaba que no diría nada. A continuación, me trasladé a su casa.
-“¿Por qué has venido?”, me preguntó Óscar.
-“Hay una cosa que te quiero decir, y no sé cómo hacerlo”, afirmé.
-“¿El qué?”, dijo éste.
-“¿Crees en los fantasmas?”, pregunté.
-“Pues no sé, todavía no he tenido ninguna experiencia con ellos, ¿por qué me lo preguntas?”, miró extrañado.
-“Es que lo que te voy a contar en seguida no te lo vas a creer; creo que hay fantasmas vagando por el mundo de los vivos”, dije.
-“¡Estarás de broma, como de costumbre! ¿Qué te hace decir semejante atrocidad?”.
-“Ayer nada más salir de la sinagoga, un monovolumen se estrelló delante de mí y al dirigirme al taxi para observar los daños lo único que vi en el asiento del copiloto era una enorme salpicadura de sangre”, dije con cara preocupada.
-“Increíble, nunca pensé que esto podría ocurrirle a alguien”.
-“Por eso he acudido a ti para que me aconsejes en tan angustiosa situación”.
-“Bueno, en el instituto no dejan de hablar de un juego para contactar con los espíritus, la wija, me parece que se llama; ¿qué tal si la probamos? Tengo mucha curiosidad”.
-“Ok, mañana a las cinco quedamos en tu casa para dirigirnos juntos a un lugar donde podamos probar esta actividad”.
Esa misma noche me acosté junto a una espada de juguete de mi hermano por si las moscas, y me pasé toda la noche abrazado a ella. Al día siguiente, justo a las cinco de la tarde me planté en la puerta de Óscar y desde allí nos fuimos en busca de una amiga de hace bastante tiempo, que tenía mucha experiencia en el mundo del espiritismo.y comenzamos la sesión.
-“Cuerpos del cosmos, universo del más allá si hay alguien vagando por el mundo de los vivos, manifiéstate”. Entonces el vaso en el que teníamos todos puestos nuestros dedos…. SE MOVIÓ, no paraba de moverse como si nos quisiera comunicar algo. De repente, las persianas de la casa empezaron a subir y bajar constantemente y la imagen de una niña diabólica se enfocó en una de las paredes en un abrir y cerrar de ojos; después la médium se puso a expulsar un líquido rojo por la boca y sus ojos se convirtieron en esferas blancas. Entonces la puerta principal empezó a abrirse y a cerrarse con un chirrido y el piano comenzó a tocar una melodía diabólica. No sabíamos lo que estaba ocurriendo y el vaso se empezó a mover sobre el tablero indicando las letras: h-o-b-a-m-u-s-u-m-p-r-i-e-t.
-“Hobamus um priet, ¿qué quiere decir?”, preguntó Oscar.
-“No lo sé”, afirmé.
Después de aquel mensaje, cuando creíamos que ya todo había terminado, la médium se volvió loca; no paraba de moverse y con cara de pánico nos volvimos a nuestras respectivas casas, despavoridos. Más tarde, sobre las nueve de la noche, Óscar me llamó por teléfono con una voz un tanto extraña y tras las experiencias ocurridas durante el día me propuse quedar al día siguiente a las 6 de la tarde para investigar lo ocurrido. Cuando llegué a su casa me encontré la puerta abierta; entré y al dirigirme a su cuarto vi la puerta del baño abierta y ……. me encontré con el cuerpo sin vida de Óscar en la bañera, con los ojos de color rojo y con arañazos repartidos en todo su cuerpo; el agua estaba ensangrentada. En seguida grité auxilio pero nadie me escuchó y con el cuerpo de Óscar entre mis brazos le di el último adiós a mi amigo, a mi compañero.
Su muerte provocó un mayor interés en resolver este asunto. Entonces comprendí lo que quería decirnos aquel espíritu con aquello de hubamos um priet, quería decirnos "devolvedme a mi origen" en judío. Después me dispuse a mirar en internet sobre espiritismo judío y en todas las páginas me salían muchas letras y símbolos. Tras un rato de investigación, mi padre se acercó por detrás y me dio una sorpresa.
-“Sé lo que estás pensando; te he estado siguiendo todos estos días y todo lo sucedido te está pasando por el colgante, ese que robaste de la sinagoga. Antiguamente ese colgante era utilizado por la magia negra para atraer los malos espíritus a todo al que lo llevara. Ahora lo importante es devolverlo a la sinagoga antes de que ocurra ninguna desgracia más”.
Entonces los dos entramos en la sinagoga y nada más atravesar las puertas éstas se cerraron instantáneamente. Corrimos hasta la habitación y dejamos el colgante en el lugar del que nunca debió salir. Al fin pude terminar el hechizo. En ese momento a mi cabeza vino el nombre de Óscar y me fui a su casa, donde estaba enterrado; en la lápida se podía leer:
Esto aún no ha terminado.
FIN

Stephen B. 1ºB

lunes, 14 de noviembre de 2011

Descripción de un paisaje- Topografía


El cielo y el prado

En el horizonte hay montañas y prados. Más cerca hay un lago pequeño tan cristalino como el transparente cristal y en su orilla hay una balsa desvencijada. Al este hay unos árboles tan frondosos como madreselvas y el cielo parece pintado, con pequeñas nubes, como un techo de nubes de algodón, parece que aplastan las praderas verdes.

Daniel 1ºB

El lago de ensueño

Este paraje parece tan alejado, pero a su vez tan hermoso, pues en el horizonte se pueden divisar árboles semejantes a unos enormes pero amigables gigantes. Justo en la orilla del lago, una pequeña y solitaria barca que quizá un pescador encontrará algún día. Las montañas alejadas en el horizonte son como grandes y hermosas murallas que impiden que cualquier elemento de la Madre Naturaleza dañe el hermoso paisaje del lago.

Ana 1ºB

Tranquilidad, paz y armonía

Estamos en un pequeño prado de Escocia, donde la tranquilidad de sus lagos y sus mansos ríos relajan a cualquiera. El prado es muy verde y está bañado por muchas y pequeñas gotas de rocío que parecen pinceladas de ángeles. También se ve un pequeño lago que es muy manso y acogedor. En el horizonte, un sauce llorón que calma el espíritu. Es un lugar para descansar y divisar las cumbres de las pequeñas montañas. Y para las personas que quieren pasar una tarde en armonía hay una pequeña barquita de madera, muy antigua, para remar en el lago.

Lucía 1ºB

miércoles, 15 de junio de 2011

Noticia

¡MUERE EL AMOR!

UN CORAZÓN EN AGONÍA

El pasado viernes una muchacha encontró un corazón destrozado y sin energía.
Una muchacha de 15 años que no quiso decir su nombre encontró un corazón roto en la plaza Agua, el corazón vivió veinticuatro horas de agonía. Le hicieron tres operaciones que no dieron resultado. Finalmente, el sábado 5 de febrero a las 23:00 horas murió. Será enterrado en una urna de cristal el lunes en el cementerio de los Rosales a las 17:00 horas.
Stepanie Mischell. 3º D

sábado, 4 de junio de 2011

De cómo el ser humano puede alcanzar cotas increíbles de abyección o las ratas almizcleras. Basado en hechos reales

- Antón, tengo una historia estupenda que podrías considerar para su publicación.
Antón era editor o eso pretendía. Había creado una editorial, Afana, (si puedes), con un gran sacrificio por su parte: pedir dinero a sus papás.
Era lo que se puede considerar un zascandil, comenzaba proyectos vitales que nunca llevaba a buen puerto. Pero no era totalmente culpa suya, el mundo le había hecho así. Cuando naces en una familia en la que todo es posible con dinero, no tienes grandes problemas para emprender.
Nos reunimos una tarde en una cafetería. Antón se mostró muy interesado en lo que le proponía. Era la traducción de una obra inédita en castellano.
- Cuenta conmigo. En dos o tres meses la publicamos. Es muy interesante.

He de decir que el editorial es un mundo paralelo, muy extraño, en el que sus habitantes parecen estar provistos de cualidades y dotados de atributos que los simples mortales no podemos comprender.


Los meses siguientes fueron bastante confusos. Antón no daba señales de vida. Cuando le llamaba, posponía fechas y cuando quedábamos para reunirnos cancelaba las citas con todo tipo de excusas: dolor de estómago, dolor de amores (muy profesional), enfermedades de parientes...
Pasaba el tiempo y mi desconcierto iba en aumento.

Un buen día llegó a mis manos un anuncio. La obra inédita sería por fin publicada...firmada no por mí, sino por dos personas que no conocía de nada.
La desfachatez de Antón había llegado a tal punto, que había utilizado, para ilustrar el texto, unas fotos que yo le había proporcionado. En la dedicatoria los pseudo-autores agradecían su ayuda a Antón.

Eso sí, su editorial no había publicado el texto. Estaba arruinada. Era de esperar. Y no solo por la crisis. Cuando siembras vientos recoges tempestades, como se dice vulgarmente.
Espero que Antón encuentre su lugar en el mundo-en este o en otro paralelo- o que se ponga a trabajar, que ya es hora.

Addenda: Como este post está basado en hechos reales, la rata almizclera ha huido al otro lado del charco, a Colombia, donde trabaja por cuenta ajena. Esperemos que no contagie la peste, como ya hicieron otras ratas escondidas en barcos, en el pasado.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Relato ganador del Concurso de relato corto y poesía del IES. María Zambrano 2009

MIRIAM
Si supieras, Miriam, que la mejor época de mi vida fue aquel frío invierno en el que
te conocí... Aún hoy, cansado y viejo, acudo todos los domingos a visitar tu tumba para adornarla con las margaritas que a ti te gustaban.
Una mañana, mientras caminaba hacia la cafetería, se me antojó asomarme al mar ya que aquel domingo no tenía ganas de llegar a mi solitaria casa.
El oleaje no parecía resentirse ante el frío. Allí, cerca de la costa, el aire húmedo me calaba los huesos. A lo lejos pude ver un velero que desaparecía en el horizonte. El paisaje parecía sacado de un cuadro, tan hermoso. Una taberna al lado de la playa captó mi atención. Con el cuerpo entumecido por la humedad, la idea de tomarme algo caliente allí mismo era tentadora. Así que, sin pensarlo dos veces, entré en aquel pequeño pero cálido establecimiento. Un grupo de marineros ocupaba una mesa al fondo, armando escándalo, mientras que un hombre cansado se dormía tras la barra. El ambiente estaba cargado y supuse que el dueño no ventilaba el local a menudo. Trofeos de pesca lucían en vitrinas apoyadas contra la pared de madera vieja y podrida. Con paciencia, logré despertar al dueño de la taberna provocando que tirara dos jarras al suelo.

Tras disculparme pedí un café y me senté en una mesa alejada de todo aquel ambiente.
Enfrente, una ventana me permitía ver el mar mientras desayunaba. En aquel entonces no imaginaba que en las próximas semanas visitaría diariamente aquella mesa.
El humo del café empañaba mi vista que se hallaba perdida entre las olas. Fue entonces cuando me pareció ver un ángel de carne y hueso, allí, sentado en la orilla, mirando al mar. Entorné los ojos en un intento de ver mejor a aquella figura. Llevaba un vestido blanco de gasa que se adaptaba a cada una de sus curvas. Sus cabellos largos y oscuros se balanceaban a merced del viento. Ni toda mi fuerza de voluntad habría impedido que apurara rápidamente lo que me quedaba de mi desayuno y acudiese al encuentro de aquel ángel. He de decir que por unos instantes creí que aquella aparición divina desaparecería en cuanto me diese Ia vuelta. Pero no fue así, allí seguía, sola, con la mente lejos de este mundo. Un cosquilleo en el estómago me recorrió mientras me acercaba a ella. Cobardemente, rehice mis pasos y me alejé de aquella playa, lejos de la muchacha, donde ella no pudiera advertir el temblor que se había apoderado de mis manos.

Aquella noche no pude pegar ojo. Nada más cerrarlos, la imagen de la muchacha en la playa me volvía a la mente. Aquella belleza me había embrujado por completo. Solo cuando me prometí a mí mismo que volvería a la mañana siguiente a la taberna de la playa me quedé dormido.
Era muy temprano cuando ya me encontraba de vuelta en la cantina. Aquel día supe que se llamaba Orfitrón, en honor a un antiguo barco que el dueño poseyó de joven.

Esperé durante toda la mañana pero la muchacha no apareció. El dueño del Orfitrón, al ver mi semblante decaído, intentó darme conversación para animarme, o quizás su única intención era no volver a dejarse vencer por el sueño. Recuerdo que durante aquella semana seguí yendo al Orfitrón, cada mañana, en un vano intento de volver a verla.

Cuando empezaba a pensar que nunca se volverían a cruzar nuestros caminos, un milagro ocurrió en aquel domingo. Me encontraba saboreando el café, con la vista hacia la playa, cuando vi una silueta blanca. Mi corazón comenzó a bombear el doble de sangre de la que acostumbraba, no podía creerlo y sin embargo era cierto. La muchacha paseó por la orilla hasta que se sentó para contemplar el mar, en el mismo lugar en el que mis ojos la encontraron hacía ya una semana. No dejaría volver a escapar esa oportunidad que, compasivamente, la vida me había vuelto a otorgar.

El frío viento golpeó furiosamente mi cara al salir de la taberna, pero no me importaba. Decidido como nunca, me adentré en la playa sin que mis rápidos pasos me dieran tiempo para dudar. Silenciosamente, me coloqué tras ella. Un torpe movimiento mío hizo que dos piedras se encontraran, produciendo ruido. La muchacha giró su rostro sobresaltado. Unos ojos negros se posaron en los míos. Ella se levantó y se alejó rápidamente de mí, perdiéndose en Ia playa. Soy un idiota, pensé. Ni que decir tiene que sus expresivos ojos no me dejaron dormir hasta bien entrada la madrugada.

No falté ni un día a mi cita con aquel café amargo que Polo (el dueño del local) servía, sin resultado alguno, la muchacha no apareció. Llegué a pensar que se había asustado tanto de mí que no regresaría de nuevo. Todos estos pensamientos se desvanecieron cuando, al domingo siguiente, volvió a aparecer. Con renovadas esperanzas, caminé hacia ella intentando hacer notar mi presencia. Me aclaré la garganta para saludarla con la mayor naturalidad posible.
-Hola.- Volví a carraspear.
De nuevo, como si fuese la primera vez que me viese, sus ojos me observaron inocentemente, de arriba abajo, preguntándose quizás quién era aquel extraño. Me sonrió, pero no despegó sus labios, así que fui yo quien siguió hablando.
- Me llamo Martín, ¿y tú eres...?
Sin pronunciar palabra alguna señaló una medalla que colgaba de su cuello. Miriam. Nunca un nombre me había sonado tan bello. Como ella seguía sin hablar y me miraba fijamente, decidí que tendría que ser yo quien empezase la conversación.
- Vengo a desayunar allí.- Señale a la taberna.- El Orfitrón. No es gran cosa pero las
vistas son exquisitas, ¿no es así?

Miriam asintió enérgicamente y me señaló hacia el mar. Siguiendo el camino que su dedo marcaba, pude ver de nuevo un velero navegando por el horizonte. Deduje por su mirada que le atraía la navegación. Me senté cerca de ella mientras mi cara reflejaba una tímida sonrisa. Así estuvimos toda la mañana. Le hablé de mi vida, de los personajes que frecuentaban el Orfitrón, de mi casa,... Ella escuchaba atenta a todo lo que le contaba. Era encantadora. Me indicó con señas que se tenía que ir y se alejó de mí. Justo antes de que desapareciese entre las rocas de la playa pude formular una última pregunta.
- ¿Vienes aquí cada domingo?- Miriam asintió y pude respirar tranquilo.

Cada domingo me reunía con ella, compartiendo mis escasos conocimientos y contándole cuentos que me inventaba sobre la marcha acerca del mar, le encantaban. Su sonrisa fue todo lo que quise, sin buscar nada más. Si ella sonreía yo era feliz, así de simple. Se me viene a la mente un día en el que ella se fijó en una margarita que mis pantalones habían secuestrado del pequeño jardín de mi casa, trayéndola hasta la playa. Parecía que era la primera vez que había visto una flor. Con cara de niña la cogió delicadamente y me la mostró entusiasmada ante tal hallazgo. Como regalo, al domingo siguiente le hice un pequeño ramo con todas las margaritas que pude encontrar por los alrededores de mi casa. Nunca olvidaré esa cara de niña ilusionada que abre su primer regalo de cumpleaños, tan dulce.


Polo y yo nos hicimos buenos amigos. Cada mañana me contaba alguna vieja anécdota de cuando él era joven o alguna vieja leyenda de algún barco fantasma. Según las cuentas que hice, Polo llevaba en el bar más de cuarenta y seis años. Toda una vida. Un día me atreví a contarle mis preocupaciones amorosas acerca de Miriam, para mi sorpresa, este me miró incrédulo y me llamó loco. Enfadado, exigí una explicación. Por primera vez, todo el Orfitrón se sumió en un silencio espectral, incluso los marineros habían dejado de cantar y de dar voces. Me sobrecogí ante tal situación.
-La única Miriam que ha pisado esta ciudad murió hace años, hijo.
-Eso es completamente imposible... Llevo encontrándome con ella cada domingo desde que empecé a venir por aquí. Ella... Ella tiene una medalla, pone su nombre...
Un marinero de cabello cano y semblante duro se aproximó a mí. Algo me dijo en su
rostro que me hizo estremecer.
- ¿De verdad? ¿La has visto?- Sus ojos, presos de una fuerte añoranza. Todos los
allí presentes bajaron el rostro, guardando silencio.
-Sí, tiene el pelo moreno y unos ojos negros... También lleva siempre un vestido blanco, muy fino.- No sé por qué había contestado a su pregunta con tanta sinceridad, ni siquiera ahora puedo comprenderlo.
-Mi niña...- Fue toda su explicación. Polo se situó junto a nosotros y le palmeó un hombro.
-Martín, hace treinta y seis años, una muchacha de dieciocho años se ahogó en el mar, era su hija.- Cada una de esas palabras cayeron en mí como una pesada losa.
- Todo esto se traslada muchos años atrás en el tiempo.- Esta vez fue el marinero el que habló. Dos lágrimas resbalaron sobre aquel arrugado rostro.- Mi mujer, tras cinco años de matrimonio, se quedo preñada. Nació una bellísima niña, pero con ella también la noticia de que mi esposa nunca más podría concebir un niño. La llamamos Miriam. A la niña la educamos cerca de la costa. Su madre le enseñaba las labores propias de una mujer, mientras yo le enseñaba las artes de la navegación. Miriam siempre mostró más interés por los barcos que por las agujas, extraño en una mujer. Ella creció y se hizo muy hermosa, pero una deficiencia siempre la acompañaría, Miriam era muda. A pesar de eso, los dos la queríamos tanto...


Durante el tiempo que duró el relato millones de sensaciones me recorrieron. Sin advertirlo siquiera empecé a llorar, consciente de lo que Miriam buscaba. Ahora entendía la manera que tenía de mirar el mar, a los veleros... Ella seguía buscando a su padre.
Su espíritu le sigue buscando.- Lo miré aterrorizado antes mis propias palabras. Cuando él se empezaba a retirar yo lo retuve.- Es ella la que he visto, de verdad. Permítame que le lleve hasta ella. Solo así podrá descansar, por fin podrá ser feliz. ¿La volveré a ver?- Desesperado, se agarró a mi brazo con fuerza.
-El próximo domingo.- Sentencié.
Faltaban tres días para el día señalado aunque a mí se me antojaron tres años. Aquel día jamás lo olvidaré. Lo llevé hasta la playa donde nos encontramos con la hermosa aparición sentada, como siempre, contemplando las olas, añorando a su padre.
-Ahí esta.- Señalé hacia Miriam y vi como el marinero se aproximó a ella sin dudarlo ni un segundo. El viejo marinero Iloraba al igual que lo hace un crío.
-Miriam...- Le oí decir.
Ella se levantó rápidamente. También lloraba. Padre e hija se fundieron en un abrazo eterno que a ambos alivió sus atormentadas almas. Miriam fue desapareciendo poco a poco. No sé si fue producto de mi imaginación, pero creí ver que ella me sonrió antes de desaparecer por completo. Qué lagrimas tan hermosas. Supe entonces que nunca más volvería a verla.
El marinero lloró, según Polo, durante tres días seguidos en aquella playa, sosteniendo la medalla de su hija. Por fin se enfrentaba at pasado.

Raquel. 2º Bachillerato.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Receta para ser feliz de alumnos de 1º


INGREDIENTES:

Amor

Trabajo

Familia

Casa

Amigos

Sal de la vida

Pimienta

Toque de limón


1º- Se mezclan el amor, los amigos... Se bate todo y se hace una masa.

2º- Se mezcla el trabajo y se hace una masa fina (€) y con ella se consigue una casa.

3º- Para darle un poco de dulzura, a la casa se le añade un paquete entero de familia.

4º- Para que tenga más "salero" se salpimenta.

5º- Se mete en el horno a 360º, durante 20 años (o más) y cuando se enfría se le echan dos gotitas de limón.